EL MAGO
Mi vocación consiste en oír tu llamada
El oficio. No es ni santo ni simbólico, es esfuerzo tras el talento y sacrificio.
Mi sombrero, si es infinito, lo es en la tierra.
Mi vestimenta es la del oficiante europeo, la del carpintero, la del deshollinador.
Alguien me pintó de colores para darme una importancia de aire, pero ella reside en el saber cómo utilizar mis herramientas. Con ellas reparo las averías, póngale el nombre que prefieran, yo le pongo número y meta, no más que para arreglar sus quebraderos de cabeza, sus dolores, sus obstáculos, sus desvíos. Si los sistemas o las tuberías están rotas, llámenme, tengo lo que necesitan.
¿Mago yo? Tengo mis dudas, podría serlo, pero no me quita el sueño, soy profesional, dicho y hecho.
Miren en mi mano izquierda, fíjense bien lo que sostengo entre mis seis dedos, no es una varita mágica, es un nivel de agua, que entonces sí esos magos de antaño supieron inventarla. No para sacar conejos de la chistera, ni dejar salir palomas al vuelo, eso es un rizo rizado de los cazadores de conciencia y los vendedores de patología. ¿Quieres una? Ve a ellos, saldrás con unas cuantas.
Yo no curo, más bien prevengo, soy un oficiador del mantenimiento.
Miren mi mano derecha. Entre mis dedos un botón descosido, que antes de que caiga al piso, lo tomo y lo coso, para que mi chaqueta cierre ante el frío y abra ante el calor.
Todos los adornos que me pintaron son los que de gurús, psicólogos y otros terapeutas de al trapo sacan de la manga. Para cobrar la plata de sus esfuerzos y no dar con la escena de la duda. ¡Tramposos!
¿Quién se sume en la tristeza cuando su casa está impoluta y vacía de chapuzas? Pregúntense.
Nadie que yo haya visto está triste por su orden, ya sea torcido o recto. No duda, no llora, si mamá.
Miren, les pueden haber contado cualquier chanza sobre mis atributos, cada cual es libre de contar y escribir historias, pero todo eso no es más que literatura, idealidades, símbolos y más símbolos que desvían la atención de lo importante, que no es otra cosa que la experiencia, la madre del conocimiento y la tatarabuela del amor, el amor visto sin más, ni más Roma, ni más símbolos.
Tierra, materia, pista de aterrizaje y caja de herramientas.
El resto, pónganle el nombre que deseen. Yo lo llamo oficio y esfuerzo.
Si en las mesas de sus vidas cotidianas les falta o sobra una pata, llámame, yo tengo la solución al problema.
¿Qué herramienta necesitas?
¿Qué quieres reparar?
Soy el Arkano dos del METATAROT LENGUAJEANTE