MATRIOSTIKA Y EL SENTIDO DE LA URGENCIA (10.9.26)

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Matriostika y el sentido de la urgencia

Por lo que vemos en el día a día de hoy, las cosas nos van bien en general: tenemos casas, familia, coches, cuentas bancarias, podemos comer, asearnos… y hasta ir de vacaciones una vez al año, aunque la norma actual para poder costearnos, tanto las vacaciones como el resto de lo citado, es pedir créditos y pagar a plazos. Eso es un engaño que nos apoltrona tanto en el consentimiento y en la apatía, como en un conformismo especulativo que nos lleva a declarar frases tan sobadas e inconscientes como «la vida es así, qué le vamos a hacer». Además, adquirimos objetos fuera de un contexto real y de necesidad.

¿Estáis segur@s de que la vida es así como decimos que es, o como nos han dicho que es? Yo creo que no. Y eso me lleva a la urgencia de tener que actuar, o sea, pasar a la acción. Actuar haciéndolo desde lo chico, sin demostraciones, ni fotos de grupo, ni grandilocuencias y desde luego sin revoluciones. Actuar, al menos para experienciar que la vida es así, como dicen, o quizás no.

Todo ello es un globo a la deriva, llevado por las corrientes, y que cualquiera puede pinchar en cualquier momento de esa vida que nos dijeron que es así, provocando un par de vueltas de campana en nuestro ecosistema diario y social.

Llevamos siglos imitando el castigo de Sísifo, arrastrando hacia la cima y las metas una roca pesada que volverá a caer dejándonos en el punto donde todo comenzó. ¿Y qué es lo que comienza una y otra vez en nuestras vidas, en nuestros deseos, en nuestras emociones, en nuestros altibajos?

Desde mi punto de vista eso es algo que no lo sabemos pero lo sentimos. La incomodidad y la urgencia de querer y saber qué tenemos que cambiar algo para que nuestras vidas sean más satisfactorias —ojo, no me refiero a la felicidad de azucarillo que cuando se le pregunta a alguien por ella no sabe definirla, a lo sumo, más que con arquetipos y más frases hechas, como la de la vida es así—. Más bien me refiero a la satisfacción de estar en la acción. La acción en nosotros y con los nuestros, el prójimo o el próximo, como queráis llamarlo. Y en tiempos de globalización, el próximo es el mundo entero, es cada una de las personas que lo habitan, cada uno de los seres vivos que comparten esto donde nosotros vivimos.

Es urgente que hagamos. Es urgente que comencemos ya. Es urgente dar ese primer paso, luego ya alcanzaremos los kilómetros y las metas. Pero sin el impulso del primer paso todo seguirá en el imaginario de un mundo mejor, de una vida mejor, como esa frase que decimos y creemos, que es así. Esa posición nos impide crear y nos quedamos solo en el creer, como si fuéramos dueños de una casa sin paredes. Tan acostumbrados estamos en el «te alabamos señor» que seguimos alabando a lo mismo con diferentes formas. Mi abuelo lo definía muy bien cuando decía: «Cuando el tonto coge la linde, la linde se para y el tonto sigue.»

Os voy a presentar un dilema, y quiero que reflexionéis sobre ello y en la solución que cada uno de vosotros tomaría. Y, a ser posible, os invito a que toméis en cuenta todas las posibilidades antes de decidir por una de ellas, y que analicéis qué se perdería si optarais por una solución u otra. ¿Qué perderíamos con A y qué perderíamos con B?

Tomando prestadas las palabras del psicólogo Adam Grant: tenemos que cuestionar lo preestablecido en lugar de dar por sentado el statu quo, preguntémonos por qué existe. Recordemos que los sistemas fueron creados por personas, queda claro pues que no son inamovibles. Tendremos entonces que pensar, ¿cómo podríamos mejorar esos sistemas? ¿Cómo, por qué y para qué? (Y desde dónde, quizás).

Para responder al cómo tendremos que tomar la iniciativa. Siempre tendremos cuatro posibilidades de acción: huir, hablar, persistir y desatender. Las dos primeras mejorarán las circunstancias. La tercera, si lo hacemos de forma moderada y no extremista, nos llevará a crear la brecha en el muro. La cuarta, en este caso, sería aceptar que la vida es así, y no hacer nada para cambiar nuestra insatisfacción.

Ver, oír y callar… no me convence, ¿y a vosotros?

Vamos a parar un momento para no pensar solo en las soluciones. Vamos a preguntarnos primero por los problemas para no llenarnos de argumentos y poder indagar mejor en la cuestión. Os invito a hacer un ejercicio que no os llevará mucho tiempo: cread una lista y apuntad cuáles son los problemas que detectáis en vuestras vidas. Escribid cuatro o cinco para empezar y decidid cuáles vale la pena resolver.

Ahora vamos a comportarnos como niñ@s. Vamos a preguntar a es@ niñ@ que nos cohabita qué le gustaría mejorar. Luego identifiquemos a una persona o personaje ficticio que admiréis por su ingenio y creatividad —yo elijo a Don Quijote de la Mancha— y preguntaos: ¿qué haría él o ella en esta situación?

Os invito a compartir por acá vuestros ejercicios y comentar en comunidad. Y, si lo preferís, compartídmelo por mail.

antonkaegikah@gmail.com

La pregunta matriztica de hoy

¿Qué perderíamos con A y qué perderíamos con B?