CAPÍTULO XXI

Capítulo 21 — Quién me ha visto y quién me ve

La historia de Mundi

Nací mujer en el año cuarenta y siete, en un lugar de rizos y cabras, en una Castilla bien venida abajo por la dictadura, y en una familia donde se acumulaban las penas, las hostias de cura, y las de mano abierta. Segunda y secundona de nueve hermanos. De padre cojo y zapatero. Y de madre santa, sufridora y panadera. Qué dulces hacía mi madre, algo que contrastaba con lo amargo de su carácter y con la rigidez de sus silencios.

Mi madre paría niños como paría panes. En aquellos tiempos había que poblar España, ser madre y ser santa, ser religioso y tener muy mala hostia. Los hombres y mujeres del pueblo, con guasa de postguerra y su sonrisa de mono, me preguntaban qué quería ser de mayor. Doctora, contestaba yo vivamente. Se pueden imaginar la chanza que se formaba en la cara de esos hombres con risa de mono escolástico cuando oían de una niña pobre y mujer, que quería ser doctora.

Doctora, una mujer, en esos tiempos. Pero yo seguía en mis trece y la vida me resultaba de una belleza extrema cuando cada mañana tomaba el cuadernillo y los lápices para ir a la escuela. Cómo me gustaba la escuela.

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