CAPÍTULO VI

Capítulo 6 — El oasis escolar

Cuenta cuentos que no cuentistas

¿Han tenido ustedes alguna vez durante sus años escolares la sensación de estar experimentando una fatta morgana?

¡Yo sí!

Les cuento, ¡atiendan!

En mis tiempos escolares de primaria en los años setenta en un barrio de Sant Andreu comptal de Barcelona había una escuela fronteriza entre los barrios de la Trinidad, por un lado de las vías del tren, y el Bon Pastor, por el otro lado de la vía tras un puente donde los más alucinamos y freekis de los hijos de inmigrantes sureños pasábamos nuestras tardes de escapada.

Aquel puente roñoso y devastado por las cacas de paloma era como nuestro poblado Sioux Lakota, aunque parecíamos más una colla de leprosos durante las épocas bíblicas condenados a vivir en cuevas apartadas.

No se crean que salíamos impolutos de casa, remendados de arriba a abajo pero lustrosos en el sentido del lastre.

Vamos, al tema de ahorita nos con-viene… olvidemos lo del puente, es otro capítulo de lo más fascinante pero es otra historia.

La que hoy les traigo es la simple historia de un hombre humilde, de los de verdad, no de los de esos de compasión misericordia y tra, la, la, la, la…

El Señor Israel Campos Moreno, profe como le gustaba que lo llamaran sus queridos alumnos. Nacido en Huelva hace sesenta y ocho años. Lo sé porque siempre se presentaba así, cada día, con la regla metida en el pantalón, su vaso de agua con bicarbonato, su cojera y su cartera de cuero curtido.

Se plantaba bajo el marco de la puerta, desde dónde pasaba lista, luego le daba un tiento a la bebida y sacando la regla del pantalón como un mosquetero, nos anunciaba la clase de historia y la clase de mates.

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