CAPITULO IX

Capítulo 9 — La trompeta doblada

Un día desde un lugar de la Palma del cual siempre querré acordarme pensé en la historia de la trompeta doblada de Dizzy Gillespie.

En sus comienzos, el de Carolina del Sur, crecido en la extrema pobreza, y que más tarde llegó a poner su huella y su humor en el multiverso de la historia del Jazz y hasta su grano en el de la guerra fría, ese asunto que quemaba como otros incomprensibles, en las emociones de las gentes.

Un día preparándose para dar un concierto alguien le pisó la trompeta doblándole el pabellón. Dizzy no tenía dinero para comprar otra y no había forma de pedir una prestada en el tiempo que tenía.

¿Qué hizo el genio de la sonrisa, los mofletes inflados y la guasa?

Ni corto ni perezoso, se puso la trompeta en los labios, subió al escenario, sopló y descubrió que le sonaba mucho mejor. Así inventó su estilo, su sonido, como lo hizo más tarde con el Bebop junto a Charlie Parker.

Bien, mi pasión desbocada por el jazz me ha llevado a tomarme la libertad de comenzar con esta anécdota para explicarles cómo un desastre puede convertirse en un símbolo.

Historias como estas hay cientos en el multiverso del Jazz.

Y yo contaré la mía.

Siempre quise cantar, ser un músico famoso, un escritor y un biólogo, en este orden.

Cantar canté, ya lo creo, y sigo haciéndolo, pero dar el cante y darme con un canto en los dientes, el corazón y en la vida, también, pero que también lo hice.

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