Jeff Buckley ( la herencia que no elegimos y la que perseguimos ).

Jeff Buckley: la herencia que no eliges y la que persigues

Tim Buckley murió a los veintiocho años, cuando Jeff tenía ocho. Apenas coincidieron unos meses en toda su vida.

En 1991, Jeff subió a un escenario en Brooklyn a cantar canciones de su padre, que casi no conocía. Fue una despedida, dijo él.

La herencia que no se elige entra por la misma puerta: por lo fisiológico, por lo emocional, por el sistema nervioso, por el corazón, por las células.

La otra herencia la eligió él mismo, Jeff. Led Zeppelin fueron los maestros que Jeff Buckley se buscó. De los cuatro miembros, el guitarrista y el cantante fueron sus mayores influencias, aparte de la banda entera. Un día, en un concierto suyo, se subió al andamiaje del escenario para verlos de cerca, arriesgando la vida por estar dentro de ese sonido zepeliniano. Page y Plant fueron a verlo tocar años después y salieron emocionados de lo que habían encontrado. Lo consideraron su heredero, sin que ellos tampoco lo hubieran buscado.

Las dos herencias —la que no eliges y la que persigues— nacen en el mismo sitio. El cerebro no distingue de dónde viene la emoción, solo la procesa: miedo o admiración, ausencia o obsesión, todo vuelve a entrar por la misma puerta.

Con ese miedo y esa ansiedad, Jeff hizo su único álbum, Grace. No a pesar del miedo, sino con él. Lo mismo se intenta hacer con el oficio de ghostwriting para otras personas: ni vaciarlas del miedo ni hacer que lo eviten, sino ayudarles a encontrar la forma en que ese miedo se transforme en emoción, y esa emoción se transforme en libro, en relato, en biografía, en textos. En prenda.

Si te ha gustado, invítame algo

Invítame algo