METATAROT-lenguajeante · Semana II
LA PAPISA
La leyenda del tiempo
«¿Cuánto tiempo había estado allí de esa manera, antes de que yo llegara?»
Ondaatje (1979)
Pasen y vean, niños y niñas de la historia. Esto que ven es la madre apartada, vendida como ganado, desoída y despreciada.
Ni soy musa ni soy diosa. Llevo mi nombre con la dignidad de quien lleva la música por dentro.
No me importan famas ni colores. Detesto los símbolos y los testamentos. Canto y escribo contra los pastores de almas.
Mi estribillo muestra mi sombra desde los tiempos minoicos.
Fui oficianta, hilo conductor entre lo mágico y lo material. Me convirtieron en puta y pecadora.
Me azotaron detrás de cada puerta, como a Eva tras cada hoja, como a toda mujer que fue alguien antes de los tiempos de las espadas.
No vengo a vengarme ni a traer paz. Vengo a asociar y a mostrarles la historia olvidada.
El símbolo, aunque parezca lo contrario, no está en mi caja de herramientas, esa enciclopedia que ven en mi regazo. Ahí leerán tanto la historia no contada, las discordias y azotes, como todas las voces del rock and roll, el gospel, el soul.
Mi oficio es el sacrificio. Pero no ese que conocen, el sesudo y masculino que nos ha atado a través de los siglos con la mordaza de la ley divina.
Al carajo la ley divina, «people are the power» es mi lema y mi canción.
Si soy ella y soy todas y todos.
En la mal dicha prehistoria fuimos útero, vela, caricia. En la historia, contada desde que se impuso la dominación en nuestras mentes comunes, somos el mal, la moneda de cambio, quien ha de obedecer al amo.
Al carajo con esas cadenas mentales. Movamos nuestras caderas con ritmos diferentes. Pongamos a nuestros enemigos de nuestra parte, sin el poder de las armas, con una canción, con muchas asociaciones, moderando nuestra radicalidad si es lo preciso.
Porque en las guerras pierden todos, los que vencen y los vencidos, todos pierden algo, lo más importante. Piensen si quieren a sus abuelas, a sus madres, a sus hijos.
Vosotros, hombres de ley que juzgáis a la mujer como al poeta maldito. Vosotros, que habéis vendido a todos los hijos de la historia, poniéndolos a trabajar en la industria y resultados estúpidos.
No callemos más, porque más vale perder que omitir.
Pongamos el poder de las gentes en sus palabras y en sus acciones, en este lugar en el mundo, en este preciso instante, cuando más nos duele lo desconocido, lo amoratado por el patriarcado, lo quemado por los sacerdotes, los llantos de los niños al ser maltratados, escuchen, escuchen.
Quien no hace nada no pierde, pero tampoco gana. Y la cuestión no es ser o no ser, es ser y ser, siempre, con el puño levantado o las manos en los bolsillos, que cada cual lo haga a su manera, pero…
Cantemos junt@s sin que tenga que ser al unísono, cantemos «PEOPLE ARE THE POWER».