El jazz no se explica. Se cuenta.
Una historia de Billie Holiday en un camerino de mala muerte. Chet Baker perdiendo los dientes y volviendo a tocar. Miles Davis dándole la espalda al público y cambiando la historia de la música sin mirar a nadie. Sarah Vaughan afinando el universo con la garganta. Charlie Parker soplando con una trompeta de plástico. Dizzy Gillespie con la trompeta doblada porque no había de otra.
Eso es lo que encontrarás aquí. Anécdotas. Pequeñas historias verdaderas de músicos que vivieron de una forma que el manual no contempla. Y que sin querer — o queriéndolo mucho — nos enseñan más de comunicación, de presencia, de storytelling y de copywriting que muchos de los cursos que podemos haber hecho o impartido.
Porque el jazz es eso: improvisar con lo que tienes, derivar con la música y musicar la deriva. Donde estás, delante de quien sea. Y eso, bien mirado, es exactamente lo que hacemos cuando escribimos para convencer, para emocionar, para que alguien se quede o para que alguien se vaya.
Una anécdota por semana. Cortita. Con su miga dentro.
Para leer escuchando. Para escuchar leyendo.