Hay una fisura en el Muro.
No es un defecto. Es el agujerito de la cámara oscura: te asomas, y lo que ves es el mismo mundo de siempre, dado la vuelta hacia ti — porque lo que ves, en el fondo, siempre eres tú. Como Truman cuando toca la pared del estudio y descubre que el horizonte era un decorado. Que había algo al otro lado que nadie le había contado.
Eso es Matríztica para mí. Una fisura por donde se cuela lo que no nos enseñaron.
Porque el mundo no lo vemos como es. Lo vemos como somos. Yo no veo lo mismo que un holandés o un australiano cuando miramos la misma pared — aunque estemos mirando la misma pared. Eso es cultura. Eso es biología. Eso es lo que Humberto Maturana pasó décadas demostrando, lo que Antonio Damasio lleva años poniendo encima de la mesa desde la neurociencia, lo que Riane Eisler documentó antropológicamente en El cáliz y la espada. Una sociedad diferente que ya existió. Un decorado distinto al que nos han vendido.
La educación emocional. El cuidado como categoría seria. La cooperación como motor de la historia. Maturana y Verden-Zöller con Amor y juego. Un plato más en la mesa. El que quiera, que coma. El que no, que lo deje. Como las lentejas.
Y aquí viene lo quijotesco, porque no puedo evitarlo: Don Quijote veía un yelmo donde había una palancana de barbero. No estaba equivocado. Estaba viendo desde él, no desde la realidad. Y si alguien me dice que todo es relativo, le digo que sí — incluida la relatividad.
Aquí no vengo a convencer a nadie. Vengo a jugar, pero en serio.
Matríztica es un canal de divulgación — newsletter ahora, otras cosas después — para quien quiera asomarse a la fisura del Muro.
Asómate. Ya seas una hormiga o una jirafa.