No tiremos la casa por la ventana.
Tiremos la ventana por la casa.»
¿Y si esa anécdota que llevas dentro se convirtiera en algo que tus hijos releyeran toda la vida?
Esa ventana la abres tú. La casa es tu gente querida — tus hijos, tu mundo, quien tú elijas. Lo que dejas caer ahí no es un texto. Es tu prenda. Imagina que no tienes que escribir tú. Que alguien te escucha, encuentra la grieta exacta donde está lo que de verdad importa, y te devuelve algo que te pones — con tu nombre, siendo tú el protagonista y el director de toda la historia.
Imagina un GPS literario: tú marcas el destino. Si el camino se complica, o hay una piedra en medio, alguien te indica otra ruta. Pero el destino y la decisión son siempre tuyos.
No hace falta contarte con quién he trabajado. Lo reconocerías. Eso se queda en secreto — no porque no pueda demostrarlo, sino porque no hace falta.
¿Te imaginas el resultado? Una prenda que no es sucedáneo, sino
caviar.
¿Bombillas para toda la vida, o una baratija de tienda de a cien?
Y si alguna vez te preguntas quién hay detrás de esto — mejor que la
pregunta se quede en el aire. El misterio también forma parte de la prenda.
Tú me lo cuentas todo. Como GPS literario, no me quedo con lo urgente — me quedo con lo importante.
Ahí vive el silencio entre líneas, el mismo que le da impulso a la música entre nota y nota, y el que convierte lo que cuentas en algo que se puede leer, releer, regalar, una sinfonía, tú, tú obra, tú prenda.
Piensa en los Juegos Reunidos Geyper. No es un ajedrez lo que te llevas. Es la caja completa — todas las piezas, todos los juegos, y tú decides a cuál jugar.
El precio siempre será menor que lo que te llevas puesto y lo que pondrías en las vidas de tus seres queridos.
Y lo que sale de ahí no será cualquier cosa metida en un saco — solo lo que de verdad importa como prenda final.
¿Qué te gustaría dejar a ti?
¿Caviar, o sucedáneo?
¿Una bombilla para toda la vida, como las de antes, o una baratija?
¿Un ajedrez, o los Juegos Reunidos Geyper?
Cuéntame una anécdota que le contarías a tus seres queridos.
El resto, lo hago yo. Tú me das los ingredientes, me dices el sabor, y yo te cocino.
[Espacio para la llamada a la acción / oferta de entrada — cupos y precio a definir cuando
lo retomemos.]