CAPITULO XIII

Capítulo 13 — La perra y la piedra

Salamanca, verano del setenta y nueve. Antoñito tiene siete años y ha sido obligado a pasar un verano en casa de sus abuelos maternos. Ustedes lector@s inteligentes se preguntarán qué tipo de obligación es esa de tener que pasar un verano en un lugar bello, con nombre de cabra y peluquería, en compañía de tus abuelos. Un pueblito pegado a la capital con prados, naturaleza extensa, granjas, vacas y un riachuelo que pasaba justo frente a la casa, solo cruzando una calle de arenilla de esas que pasan más mulas y burros que autos.

El caso es que Antoñito, nuestro Sísifo canino del que me ocupo hoy, no se sentía a gusto en compañía de sus abuelos maternos. Una familia numerosa de nueve hermanos y algo peleona. Con una abuela sumisa y un abuelo de rigidez y militancia extrema que regalaba cachetazos como respiraciones asistidas. Un abuelo al que Antoñito temía y a la vez provocaba.

Hay cosas que cambian de forma pero no de esencia, menos de presencia. Antoñito, no más Antoñito hoy, sigue la senda de la provocación y sus palabras, como la vida misma son palabras contrarias y a veces contradictorias, un aspecto que incomoda como una hormiga en la entrepierna. Así que vayamos por faena y veremos qué le sucedió a un Antoñito de nueve años en ese verano salmantino en la etapa española postmorten. Si ustedes repasan la historia, quien ya tenga una edad que supere los cincuenta, podrán deducir a qué me refiero cuando escribo postmorten.

Tula, a la que llamaremos así hoy, era una perra preñada, hija de varias razas de perros pastores, de color canela y azabache que olía siempre a romero. Antoñito era un niño inquieto, sumamente callado, amante de todo bicho viviente, incluso de las piedras. De manera especial con los pájaros y los perros, con quienes guardaba una estrecha y extraña y, según opiniones familiares, bastante amariconada relación de con-vivencia y con-versa.

A menudo se perdía entre los árboles. En otras ocasiones, marchaba sin fin como si fuera su querida madre, en compañía de Tula, su amiga inseparable del alma de ese verano que a priori pintaba horrible.

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