Capítulo 10 — La acróbata
Una compañera de circo
Marlenne, esa estupenda ser humana, flexible, ingeniosa como don Quijote, que no loca como los psicoanalistas dirían hoy, o no. Fuimos compañeros en el circo de variedades DIE WELT SING ZIRKUS en mis andanzas caballerescas por tierras germanas. Yo era el payaso tonto, de nariz roja, aunque usaba otros colores, ningún día el mismo.
Marlenne era la ACRÓBATA y cantante en un show que realizábamos juntos, ella con su arte y personaje, yo con el mío. Nunca he vuelto a ver nada igual. Al show le pusimos «enamorados del círculo de confort». Ahora les cuento el porqué del nombre que además daba título a nuestra canción con la que finalizábamos la actuación. Ella imitaba a Elza Minnelli y yo, como no, a Groucho Marx.
Casi nos enamoramos. De hecho dudamos por momentos si nos mentíamos o nos decíamos la verdad. Decidimos que nos mentíamos y eso arregló todo. Idea de Marlenne, te alabo Marlenne, chin chin. El show de canto y baile también fue idea de ella, yo me monté en el tren ya en marcha, y fue en una noche de copas juntos donde nos pusimos a cantar por Chavela Vargas, ella con su acento alemán yo con mi quejumbre cristalino. Carajo, aquello nos quedó de abuten.
Cuántas horas se puede ahorrar alguien en una noche de copas, con excelente compañía creativa, lenguajeando y creando mundos, uno tras otro. Cuántos males quitan esos momentos del maldito miedo, del constante miedo. Cuántos yoes se llevan esos momentos en un chasquido, en una nota, en un gesto.
El caso es que el círculo de confort era donde ambos, sobre todo Marlenne, que lo llevaba casi como una religión, estábamos en aquel entonces. Conformistas, nos dirán. Vale. Sí y sí, por qué no, si va a ser que es sí. Cierto. Por aquellos tiempos estábamos hartos de la frase de sobre azucarillo —hay que salir del círculo de confort, obligar a tu ego a claudicar.
Carajo, esta frase me enfadaba más que la de —»Mata a tu ego»— que ya tiene tela.
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