CAPÍTULO XV

Capítulo 15 — ¡A la mierda!

El pequeño demonio y el gran Luz y Fer

Subía el viento en una madrugada roja y turquesa, de aquellas noches donde los hombres y sus espadas habían tenido problemas de sueño, encuentros con sus otras partes, desencuentros con sus mismos y con sus otros.

La luna de sangre se despedía. En un momento se hizo el silencio.

En una ciudad catalana, muy lejos de los mitos matones, un niño empujaba con fuerza para salir cuanto antes. El padre se repeinaba, el Yayo dándole al pitarra, la Yaya haciendo de las suyas, empujaba con su trapo de cocina a los coches que se les cruzaban en el camino a Hebrón, para que la taxista, algo inusual para esos tiempos, condujera su coche más rápido todavía.

Al demonio le venía de menos. Solo buscaba oxígeno y una nueva vida lejos del enjambre inquieto del útero de su padeciente madre, una de ellas, una más o una menos. Venía con cientos, miles de propósitos y de vidas. Bajo el brazo y entre los dientes, con un par de… enjambres.

Ya se discutía su nombre. El tema era riguroso debido a la primogenitura de ese hijo de Edom, que regresaba al mundo con una Dina bajo el brazo y el mismísimo tono de Essaú.

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