IIII. EL EMPERADOR
METATAROT-lenguajeante
…Me llaman.
El empedrado me siento.
Un arquetipo más del hombre y sus leyes. Una palabra de más del pensamiento mágico. Una salida por la puerta de atrás, para que así nadie salga ganando y siga jugando en esta vida que nos sobra y que no nos llega. Una vida de cárceles y dualidades. La mía es este cargo impuesto por los hombres y sus leyes.
Por favor, vengan a quitarme estas rocas de encima. Ayúdenme a moverme, estoy empadronado a algo que no me pertenece. Vengan a liberarme y a tomar lo que es suyo, no mío, sí nuestro.
Nadie me preguntó por qué nadie pregunta. Imponemos personajes sin estudiar los guiones. Seguimos a pies juntillas los módulos y las formas.
Nos entristecemos por no llegar cuando ya estamos. Lloramos la pérdida de lo inalcanzable, las mentiras, los tronos, las verdades únicas.
Manifiesto real y de fuerza. Dominio en vez de asociación. División contra las risas, la experiencia del tú a tú, el amor sin marco, nuestros lenguajeos diarios.
Yo me revelo hoy, les comparto mi trono y mi cetro. Vengan a sentarse en sus sillas, que yo iré a dormir en sus camas. Comamos juntos lo que la vida nos da. Seamos víctimas y verdugos. Hagámonos responsables de nuestros actos y no juguemos más a ser avestruces. Porque nos ha tocado ser hombres, mujeres, niños y niñas. Con sus dolores y sus valores. Con sus contextos y sus libros. Reescribamos la novela de nuestras vidas y derribemos las murallas con palabras y hechos.
Vamos a hacer una gran fiesta final, a tirar las ventanas por las casas y a llevar la contraria. Preguntemos a los maestros y a los filósofos. Pongamos en duda todo lo que se nos venga en gana. Seamos críticos y preguntones. Trabajemos por un hoy sin tiempo. Dejemos de correr sin rumbo. Pintemos los estatutos sin imagen y sin semejanza. Seamos diferentes. Juntemos nuestras fuerzas y debilidades. Pongamos en marcha los sentidos. Aprendamos lo que nunca quisieron enseñarnos en las escuelas. Devolvamos a las putas su lugar en el templo y dejemos las biblias para quien no quiera mirar más que en una dirección. Desnudemos a los reyes y a las reinas. Pongamos en sus cuerpos de cal el traje del espantapájaros. No cortemos más cuellos, no quememos más brujas. No nos escupamos más a la cara, no nos pongamos más zancadillas.
Llevemos la contraria y seamos niños inquietos. Porque los niños tienen las preguntas frente a las verdades eternas de los adultos. Los adultos, los reyes y los políticos solo tienen certezas y amenazas, leyes y obligaciones. No miran, no escuchan, no viven en la existencia ni en las llanuras de lo nuestro. Los niños son continuos, tenaces, resilientes. Son voraces como una hormiga e inquietos como un trasero sin silla.
Miren, los puntos sobre las íes ya están puestos. Pues vamos a quitarlos y a cambiar el orden, que este que nos hemos dejado imponer ya está acabando, por mucho que muerda todavía, como quiere morder una serpiente que agoniza o una rata arrinconada.
Lobos o corderos, blancos o negros, que más da si estamos juntos.
Seamos nosotros quien eligamos. No dejemos más que nos digan y nos guíen. Porque nuestra alma reside entre los hemisferios y el aire que respiramos. Cuando estemos muertos no tendremos más de todo esto. Entonces la vida, el espacio y el tiempo habrán pasado por encima. En vez de haber puesto nuestra huella en el día a día, que es donde lo ordinario lo podemos transformar en ordinario, con gestos y con mucho más, si miramos y nos vemos, tan solo eso nos hemos de pedir, para empezar y para todo el camino.
Yo detesto mi trono, que ni mío es, sino de quien me lo puso, como aquel que se compra un hogar con dinero ajeno, como todas las cosas que compramos a plazos, nos aplaza y nos aplasta.
¿Entonces qué? ¿Van a querer seguir asaltándome o vamos a irnos a gozar a otra parte? Juntos, siempre juntos, con nuestras soledades y particularidades, pero unidos con esos flecos, que al contrario de lo que las espiritualidades nos han dicho, son visibles como la costura de una chaqueta. Visibles son en cada uno de nosotros, pero solo si actuamos y dejamos de interpretar a quien nunca fuimos, a quien no somos, ni por sombra ni por luz, y a quien no seremos nunca, no por ley divina, sino por ley biológica.
Cojamos la sartén por el mango y hagamos un banquete. Luego le seguirá lo siguiente.
«The music is over, la música ha terminado»
Abramos las puertas que aquí ya viene oliendo raro.
Antón K.