METATAROT-LENGUAJEANTE
VI. El Enamorado
Ella enamorad@ / Lael
De no tener ninguna, ahora tengo dos, la posibilidad del pasado pisado, y la opción de un futuro compuesto de un hoy o un ahora decisivo. Mi decisión es mi acción. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Con qué? ¿Con quién? ¿Hasta dónde? ¿Desde dónde?
¡Ahora! Pensado, dicho y haciéndolo.
Mirad mis manos de mono borracho, de Soru*, como trazan los círculos de quietud, de muerte, de vida, de movimiento.
Mirad mi mirada de pájaro cantor trotando por los deseos de los demás, empuñando el lápiz y la pluma, lleno de colores y melodías.
Mirad mi sonrisa interior, rascando y pidiendo salir hacia afuera, donde la vida se convierte en relato, en canción, en poema, en desgarro o atracón.
Mirad la parte de la cual el mismísimo dios que dicen que existe, macho como un palo seco, sin hembra, sin hebra, sin ánima, por completa carencia.
El amor, la decisión, la irreverencia, el atino, la impaciencia, la perseverancia, la voluntad.
No me importan ni talento ni dones, ni propósito ni espirituosidades que descarríen la vida sobre la vivencia. Esa que dicen que no existe si no sigues las leyes de un dios o de un hombre, que ambos para el otro no existen, tal para cual, de tal palo tal astilla.
El sol, Cupido, las coronas o los laureles, no son más que símbolos en el aire, gérmenes invisibles de las civilizaciones que nos precedieron, hombros donde no subirse, momentos sin palabras, entrelíneas o células imperceptibles.
La madre es un símbolo, la patria es un símbolo, el futuro es un símbolo inexistente y peligroso. El pasado es una marca, una emoción, un cuento chino y una bota de vino.
La familia es un símbolo, el rango y los vínculos de sangre son todo eso y más, son cárcel y rango sin semilla, son ceguera y escoba que barre nuestros cumpleaños hacia la fosa común del olvido y el desconocimiento.
El símbolo es un ego multiplicado al cuadrado que genera copias sin boca, palabras sin lengua, logos bíblicos y machotadas varias.
Dejad mi flecha atravesar su retina, y que el olor del néctar que se desprende de la Diana, ya sea acierto o error, les lave las niñas y los olfatos, para cuando la ocasión se presente no les pille desprevenidos, sino amasando la acción y la concentración.
Mirad, no soy más que un muchacho que descubre, que se aturde, que contempla cómo el mundo le pesa y se cae sobre su nuca.
Solo soy el muchacho aturdido por una carencia que desconocemos, por un lado humano que han borrado de las escuelas, las sociedades y casi de las madres.
Soy el muchacho sin experiencia que descubre emociones y estatutos.
El muchacho que ama por encima de todo. De todo menos del ver, del verte a ti y a ti, a todos vosotros, desnudos, sin símbolos, con piel de animus y el resto de esa anima que habita entre las vías, las mentiras y las omisiones.
Mirad a este muchacho con sed de saber. El mismo que de simbólica y caracteriza, sin dar su brazo a torcer, porque, ¡carajo!, eso duele mucho, y duele toda una vida, como una herida heredada, como las leyes y las obligaciones, como la guerra y la imposición que dominan aún este mundo que todavía podemos hacer mejor, con todos sus deshielos y sus despechos, que más da si es lo mismo.
¿No vivimos? Sí.
Pues llenemos las calles de amor y las tiendas de ojos, que aquí se viene a vivir y a vitalizar todas las vidas de cada segundo.
Pues eso, vamos, lej**! Que aquí viene la generación que vuelve a asociar. Asociarse con todo lo vivido y lo que nos queda por vivir, cuatrocientos o cuarenta y cuatro días.
Que más da si viene a ser lo mismo. Que como bien dijo el trovador de Gijón: «para este horror no hay literatura, no».
Shalom shalem***!
*Soru: mono, en japonés.
**Lej (לך): «ve» / «anda», en hebreo.
***Shalom shalem (שלום שלם): «paz completa», en hebreo.
Antón K.
Si te ha gustado, invítame algo