V. EL PAPA

METATAROT-LENGUAJEANTE · MIÉRCOLES

V. El Papa

¿Ven mi dedo levantado?

No es una señal divina, como tampoco la acción de mostrarles un camino. ¿Cómo voy a saber yo cuál es el camino de ninguna otra persona? Por nada de este mundo me tomaría esa libertad, por mucho que aquellos que me han pintado vayan vestidos como a mí me vistieron, o crean en verdades absolutas que han de insertar en las mentes de los acólitos egoístas y titubeantes.

Detesto a esa gente que vende caminos y humos. No soporto la religión, ni las espiritualidades varias, ambas nos hacen creer en caminos comunes, en leyes, en estatutos, ya sea multidiosional, o monoteísta. Al fin y al cabo son dos cortes diferentes de la misma tarta, la misma toalla hecha pedacitos.

Mi gesto es de pregunta. Levanto la mano en el curso de la vida. Yo no soy maestro ni sacerdote, soy un actor que interpreta a un roll, un arquetipo. Soy un alumno infinito, alguien que no cesa de preguntar a ustedes, mis maestros de la vida misma.

Los acólitos que se ven arrodillados son dos hijos de los días, como ustedes y como yo. Es su momento de escuchantes, su preparación, su inspiración, su educación escolar y pedagógica.

Porque eso sí, profesor soy, o mejor dicho, profesor me he hecho, porque no nací como tal, sino que me hice. Me hice tal y como me sigo haciendo.

Mi lenguaje no es de códigos o jeroglíficos. No soy un símbolo, soy ese profesor que forma actores, no más.

Soy el actor de la vida misma, ayer, hoy y mañana, sin hacerme viejo pero cogiendo los años como libros de texto o como guiones.

Mi pensamiento no es mágico, y no quiero que me vendan como tal por haber tenido éxitos.

Nada de eso me hubiera sucedido si estar siendo entre ustedes, amas de casa, mecánicos, oficinistas, abogados, cuentistas, directores de cualquier cosa, vividores, pintores, bailarinas o escritores. No soy sin ustedes. No soy sin su tacto. No soy sin sus aciertos o errores. Que nadie les cuente otra historia. Vengan y vean. Vengan y escuchen. Que nadie les cuente y les haga vivir la historia de sus vidas, la que se experimenta de a uno y se cuenta o se comparte con unos pocos. Decidan por ustedes, busquen sus caminos, no se los impongan a sus hijos. Su camino es su camino, y el de sus hijos será otro. Confórmense con ser orilla y dejen que el río siga su curso. De lo contrario se ahogarán en las corrientes del día a día, de la publicidad maniquea y religiosa.

Sean lo que han venido a ser, lo que quieran que sean, lo que les satisface, lo que experimentan por sí mismos, lo que hace a todos ganadores, donde nadie pierda más lo que cada quien quiera tirar, ya vaya subiendo o bajando, yendo o viniendo.

Escúchense más a sí mismos que a los demás. Pero eso sí, siempre con el pie puesto en el otro. Porque nuestros propios caminos no son verdades absolutas, ni la mejor forma de hacer esto o lo otro, es tan solo la forma que nos funcionó a nosotros. Compartamos la experiencia no más, aprendamos y aprendheamos, en el ser y en el no ser, esa es la cuestión, en ambos, en todos, en todo, para seguir siendo en la deriva continua y biológica de cada uno de nosotros.

Este es mi monólogo, sin escenario y sin billete. Que cada cual haga con él lo que desee.

Hoy no tengo más que contarles. Y supongo que ello decepcionará a muchos de ustedes.

Tiren las expectativas por la borda y la ventana por la casa.

No soy lo que piensan, no.

Antón K.

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